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4/8/11

PUNTA DE LA BANYA. EL TRABUCADOR. DELTA DE L´EBRE. RUTA DE SENDERISMO.

Ha sido la primera excursión de este verano 2011. El lugar, un privilegiado escenario marítimo, el hemidelta derecho con la barra del trabucador como origen de la caminada.
A las siete de la mañana, he sido espectador de este delicioso amanecer al lado del mar, en la bahía de Sant Carles de la Rápita.


Albada. Badía de Sant Carles de la Rápita.

Me ha acompañado en esta ocasión mi hijo. Hacía tiempo que estaba deseando realizar esta excursión, y al fin, ha llegado el día.
Hemos llegado al final de la carretera que conduce al Ploblenou, y aquí, cuando esta termina, empieza el largo brazo de arena denominado “El Trabucador”.
Justo en este lugar, detengo el coche por unos instantes. En este reclamo matinal, plácido y sosegado, la figura de un pescador en un remanso de agua deltaica, me obliga a fotografiar este transcurrir de la vida.


Pescando en el delta del Ebro. Primeras horas de la mañana.

Salines de la Trinitat.

Junto a “Les Salines de la Trinitad”, dejamos el coche, y nos adentramos por el enorme brazo de arena que forma esta parte del delta.
Son las 8:45 de la mañana, y comenzamos a caminar por el borde de la extensa playa, cuyo horizonte se pierde en la lejanía.
El oleaje continuo y la suave brisa, nos arropa con su sonido monótono.


A la sombra del camino...





Se nos acerca un coche… sí, no hay duda, se trata de un guarda del parque natural. 
El guarda se detiene y nos comenta que no está permitido caminar más allá de la zona del mirador. 
Lógicamente.


Las huellas del vigilante...

El triste final.







El sol abrasador va calentando cada vez mas. Hemos tenido la precaución de equiparnos con unos grandes sombreros  para evitar una insolación, y también nos hemos procurado una buena ración de crema solar.





El desierto deltaico.


El náufrago de madera.

Y al ir caminando, vamos descubriendo los objetos abandonados que el mar arroja fuera y que se van depositando en la arena. 
El calor abrasa. El sol está casi en su cenit, son las 11, 30. Sigue el horroroso espectáculo de las cosas inverosímiles que el mar ha arrojado…


Alumbrado poco convencional.

El desierto infinito...
 
Esta lugar es como un desierto. Las salicornias, se adueñan de zonas y le confieren un aspecto característico.


Vegetación autóctona.











Al cabo de 1,5 km. llegamos al último baluarte de esta enorme planicie, un mirador desde dónde podemos ya ver una extensa variedad de fauna. Destacan una gran población de flamencos, buscando comida en las grandes charcas que se han formado.


Observación avanzada de flamencos.

Vista general desde el mirador.

En la lejanía, como una bruma matinal vemos levantarse la silueta inconfundible del faro. Mirado a través de los prismáticos, vemos como su imagen oscila vacilante como un espejismo, a causa del calentamiento del aire.








El “Far de la Punta de la Banya”, tiene una altura de 25 metros, y por las noches se puede observar la luz blanca que proyecta en lo más oscuro del mar.
La luz destella un par de veces con un intervalo de 2 segundos y no se repite de nuevo este intervalo hasta transcurridos 7 segundos. 



El far de la Banya. Población de flamencos.

Solamente podemos llegar hasta este lugar. A partir de aquí está prohibido adentrarse en esa perdida lejanía. El motivo es que podemos perturbar a las aves acuáticas y marinas que en esta época del año nidifican en estos espacios naturales.
Al lado del mirador hay unas enormes charcas con grandes cantidades de sal. Cerca podemos ver los edificios de “Les Salines”, realmente saben dónde ubicarse.

 
Salines de la Trinitat.

Una de estas charcas, tiene un color rojizo. A uno le viene en mente un lejano planeta marciano…


Salitres rojizos.

En el mirador, aprovechamos para comer. Aquí sentados, vemos como siguen los flamencos en su apacible hábitat



Mirador deltaico.

Después de descansar del implacable sol, regresamos y por la orilla seguimos encontrando las desagradables sorpresa de la ida y otras, que habían pasado desapercibidas en aquel momento.
Es una vergüenza contemplar un cuadro tan lamentable como el que se ofreció a nuestra vista. ¡Muy pocos cuidados con los entornos del parque natural!.
He aquí un pequeño muestrario de efectos encontrados en nuestra caminada.


La botella abandonada.

Mochila en la arena.



La caja ignorada.

La silla vacía.

Desatando cabos abandonados.

El orinal marino.

Llegamos al punto de partida. Son las cuatro de la tarde. Realmente, puedo decir, que a pesar de las sorpresas con que hemos sido recibidos, la excursión, ha sido memorable. Prepararé otra hacia la desembocadura del Ebro.
Veremos que sorpresas nos depara…


Ruta realizada.




3/9/10

RUTA EBRO. ILLA DE BUDA A PUNTA GALATXO. CAMINANDO POR EL DELTA .

Al final me he decidido a caminar. He dejado en esta ocasión la bici y he iniciado una excursión curiosamente distinta.
Se trata de llegar hasta la "illa de Buda", y siguiendo por el canal de migjorn, llegar hasta la playa. Allí encontraremos siempre algún personal y un pequeño xiringuito.
Provistos de un buen sombrero que nos cubra el pensamiento, una buena dosis de crema solar con alto índice de protección, agua isotónica abundante, bocata con lata para preparación inmediata, etc.  iniciamos la excursión en dirección noreste, hacia la desembocadura del río, hacia la llamada, punta Galatxo.
Vamos andando por el borde de la playa para no hundirnos en la arena.
Aconsejo ir con calzado cómodo para un plácido caminar.
Comenzamos...
Ya no encontramos a nadie. Nos vamos alejando de la civilización y de la gente...




El sitio empieza a ser inhóspito. El ruido del mar en nuestros oídos es una constancia permanente. Vamos encontrando "cosas" semi enterradas en la arena.Nos acercamos.
Vemos que se trata de un ave anillada. Es bien visible la etiqueta.




Más adelante algo llama mi atención en la orilla. Una medusa agoniza fuera del agua, arrojada por un golpe de mar, en el infierno del sol de mediodía.




Otro drama de nuestro tiempo. Manchas de petróleo y fuél, en abundancia. Se encuentra hundido en la arena negruzca a lo largo del camino. Me llena de tristeza. Soy así. Proviene de la limpieza de los barcos en alta mar. A ellos nada les importa, pero a mí si.




Al otro lado de la línea de la costa, hay los llamados "calaixos",  el "grand i el petit". Los flamencos se encuentran perfectamente en su hábitat. Te puedes acercar sigilosamente y hacer buenas fotos. Hay que tener respeto con esta frágil naturaleza.








Pequeñas dunas de arena, permiten la vida de esta especie vegetal de curiosas características. Se trata de la planta llamada "salicor" que  crece sobre todo como comunidad única sobre marismas saladas. La supervivencia de la especie.






Más sorpresas, restos de embarcaciones, como expulsadas del mar por un castigo divino. Seguimos andando  y encontrándonos con mil desperdicios arrojados por el mar. Desde globos infantiles a botes de plástico, trozos de sillas, botes de pintura, etc. etc. Parece increíble que la gente sea tan guarra.




En los "calaixos" he observado también un caballo salvaje. Parece que hay algunos en el parque. ¡ Protección absoluta !




Vamos acercándonos a la punta Galatxo. Pasamos por el cabo Sant Jordi, que era una primera desembocadura del río. Llevamos andando 1 hora.




 


Llegamos al final. Punta Galatxo. Las aguas del Ebro se juntan con el Mediterráneo. Las olas se entrecruzan formando un movimiento bastante curioso. Muchos pájaros revolotean en el borde.
Aquí encontramos ya alguna gente que ha llegado en barca siguiendo el curso del río. Ha terminado la soledad.







Hemos visitado la parte del río. Me avergüenza nuevamente la cantidad de desperdicios abandonados que se encuentran  en su margen. Esto, a pesar de ser un parque natural, es tierra de nadie.
¿Cómo se puede tirar una bolsa repleta con los restos de la comida y botellas de plástico en un lugar cómo este?.
¡ Vergüenza e indignación absoluta !
Volvemos sobre nuestros pasos y regresamos a nuestro punto de partida.







Resulta curiosas las imágenes de estos árboles sumidos en la profunda arena. Las ramas alargan los dedos para pedir una salvación imposible. Los temporales los han arrancado de no se sabe dónde, y han viajado por mar hasta este lugar.



 



He llegado. He andado durante tres horas y cuarto, (ida y vuelta)., y a pesar de todo, me ha gustado y reconfortado. El caminar junto al mar, luego más al  interior, hollando la arena virgen y ondulada por el  viento constante...Los pasos permanecen por algún tiempo, luego se van borrando poco a poco.
Todo un paraíso que hay que salvar de la agonía.
Así es el "Delta de l´Ebre".