14/4/26

RUTA "PEDRA SECA" BTT BIKEPACKING EN 4 JORNADAS DE AUTOSUFICIÉNCIA. LLEIDA. CERVIÀ DE LES GARRIGUES. BELLTALL. CERVERA.

Ruta de bikepacking en BTT, una aventura desafiante que comienza en la población de Lleida. Es la "Ruta de la Pedra Seca", un track circular de 408 kilómetros, que es homenaje al arte ancestral de contrucciones de piedra sobre piedra que definen el paisaje rural donde me voy a adentrar. Por delante me esperan 5 jornadas de bici, llevando lo justo en las alforjas.
No es solo una ruta de resistencia, es un viaje por la Cataluña más indómita, entre pueblos, campos de secano, pistas de montaña y ese silencio que solo se rompe con el paso de las ruedas.
La ruta supone adentrarse en un paisaje sóbrio a través de comarcas que parecen detenidas en el tiempo, pedaleando entre la solana implacable y pistas exigentes donde el barro y las piedras se convierten en el testigo de mi paso.
La logística de las pernoctas y la esencia de lo que significa viajar en bici será la unión perfecta entre libertad, fatiga y el descubrimiento de lo que hay tras la siguiente loma.
El plan, al principio es ambicioso: 5 jornadas de BTT de 80 kms. diarios en régimen de autosuficiencia, donde el peso de las bolsas en el manillar y en el portaequipaje trasero se recuerda a cada instante.

Martes 13 de Abril de 2026.

LLEIDA - CERVIÀ DE LES GARRIGUES. 

(82 kms.)

A las 9 de la mañana comienzo la ruta de los primeros 8 kms, hasta llegar al punto exacto donde puedo retomar el track circular de 408 kms. de recorrido. A pesar de haber amanecido soleado, hace un frío de pleno invierno. Tengo que cubrirme para soportar una auténtica bajada de temperatura, siendo este, al parecer, el último arañazo del invierno






El paso por caminos agrícolas me lleva a la primera población de la mañana, Alcarrás.





Más adelante cruzo otra población, Torres de Segre y a partir de aquí me sorprende llegar a un lugar que no conocía, la Reserva Natural de Utxesa. Este espacio, situado a caballo entre los términos de Torres de Segre, Aitona y Sarroca de Lleida, ofrece una de las zonas húmedas más singulares del interior de Cataluña, con gran interés ornitológico.





Todo ello, conforma la unión de esta Reserva con el río Segre y el Cinca, con una gran diversidad de pájaros acuáticos, pájaros de carrizal, migratorios y sedentarios.






Enfilo por una desierta calle en fuerte pendiente cruzando Sarroca de Lleida. El lugar es el punto de inflexión tras el respiro visual de Utxesa. El municipio marca el regreso a la esencia de la Pedra Seca y el inicio de un terreno más exigente y cargado de historia. Se escucha un constante piar de pájaros mientras llego al final de la subida.






Dominando el pueblo desde un promontorio de roca arenisca, puedo ver los restos del Castillo de Sarroca (siglos XIII-XIV).  Al parecer bajo la roca del castillo existen túneles excavados que sirvieron de refugio durante la Guerra Civil.
Desde lo alto, puede verse una panorámica de la transición de la comarca del Segrià hacia las Garrigues.






No tengo tiempo para más y continúo la ruta hasta llegar al artístico muro de otra población:Torrebeses.
Ubicado justo a la entrada del pueblo, este mural es un homenaje a la dona pagesa, una mujer de mirada profunda y manos curtidas, simbolizando el trabajo duro e invisible del campo y la huerta, realizado por el artista Ivan Egea en marzo de 2024.







Torrebesses es un punto estratégico para rellenar agua.
Tras salir del pueblo, la ruta se vuelve mucho más salvaje y aislada. Comienzan las Garrigues Altes, con olivos centenarios, almendros y un terreno de piedra suelta que pone a prueba la tracción de las ruedas.
El trac me lleva por senderos pedregosos con un recorrido que se vuelve cada vez más quebrado y donde la soledad es la única compañía. Me encuentro en la Serra del Coll del Toll.
El sol cae indolente y la temperatura sube a medida que avanza la mañana.
Al fondo, sobre la loma, el pueblo de El Solerás. Y en el lejano horizonte, los Pirineos con unas cumbres completamente nevadas.






La ruta se integra de lleno en el paisaje agrícola real de Les Garrigues, con caminos polvorientos que voy devorando lentamente y acortando la distancia a mi destino.





Voy encontrando pistas agrícolas de tierra compacta y el  pavimento de piedra suelta. Es un terreno rodador, aunque con el traqueteo constante y el peso del equipaje se produce cierta inestabilidad.





La distancia recorrida y el peso transportado se van acumulando. Una pausa para comer unos frutos secos y descansar brevemente del camino junto al margen de piedra que delimita un terreno de almendros y olivos .





Después de una deliciosa bajada por asfalto que serpentea entre un pequeño bosque llego a  otra población, El Solerás. La ruta lo cruza por un extremo del pueblo y remonta por una exigente pista en dirección al cementerio. No tengo mas opciones, hay que empujar la bici. 







El terreno es una subida constante y tendida desde los 280 metros de El Soleràs hasta los 470 metros de altitud del siguiente pueblo Els Torms, ubicado sobre una épica loma. Es un ascenso de unos 200 metros de desnivel positivo que se hace sin grandes rampas, ganando altura de forma progresiva entre bancales de olivos y sufrimiento.
El entorno está dominado por el olivo de variedad arbequina, que aquí es el monocultivo absoluto.




Els Torms, como todos los que he cruzado esta mañana es un pueblo pequeño y tranquilo. Un buen punto para un respiro rápido en una de las calles de subida ubicada junto a un colegio desierto. Aquí aprovecharé para comer ya que dispongo de una fuente cercana.





Después de llenar agua en la fuente del pueblo, continúo el itinerario. Me quedan aún 24 kms. por desconocidos caminos que, sin duda, me traerán alguna sorpresa.







Me detengo para poder contemplar dos cabañas de piedra con una puerta que cierra el paso al interior. El techo es un tupido jardín de hierbas y plantas que impiden el paso del agua de lluvia al interior. 







Más adelante paso cerca de una gran balsa que almacena  agua. El lugar es, sin duda, refugio de anfíbios y bebedero de animales.





Después de un recorrido de pistas ondulantes, de largos descensos y empinadas subidas dentro de un bosque que recorre el valle de la Sisquella y el valle de les Estepes, llego por fin a una carretera asfaltada que me acerca al final de  esta primera etapa.
Ya puedo ver la población de Cervià de les Garrigues que se asienta estratégicamente sobre una loma que domina el valle del río de Set. 





Llegar a Cervià de les Garrigues tras completar la primera jornada de 82 kms. de la  Ruta de la Pedra Seca es sumergirse en un entorno de paz ideal para reponer fuerzas. Me detengo en la plaza de la igesia y veo el momento pasar entre multitud de caminos, piedras, pedaladas, y subidas que todavía rondan en mi cabeza. Son casi las 19h. de la tarde, prácticamente 10 horas de ruta.
Todo se va asentando mientras ubico el alojamiento de esta primera noche.








He tenido suerte de encontrar un excelente lugar para pasar la noche. Situado en la calle del Riu nº 3, el apartamento regentado por un amabilísimo anfitrión llamado Sergi, me facilita todas las comodidades posibles; y es que el también fue viajero de bici hace unos años y se solidariza con este tipo de aventuras. Dejo aquí el teléfono 647.328.533 para que podáis contactar con él ya que, a buen seguro, el lugar os encantará. Él es el responsable de Cal Barberà.






Por la noche voy a cenar al único bar abierto en el pueblo, el bar Clavé, donde puedo tomarme un buen bocadillo y reponer fuerzas para el día siguiente. Las desiertas y silenciosas calles de la población me envuelven con esta sensación de un tiempo que parece estar ausente del lugar.




Miércoles 14 de Abril de 2026.

CERVIÀ DE LES GARRIGUES - BELLTALL 

(68 kms.)


Dejo Cerviá de les Garrigues empujando la bici de buena mañana por un empinado camino interminable que va remontando lentamente hacia el Tossal de les Forques. Desde lo más alto se puede ver una espectacular vista del pueblo. 





Esta zona es una vasta plataforma natural donde el paisaje se vuelve horizontal, dominado por el verde grisáceo de los olivos y los almendros según la estación. Es aquí donde la técnica de la piedra seca cobra vida propia.







He descendido hacia el la parte baja de la montaña. Ahora cruzo una sucesión de llanuras y fondos bordeadas por márgenes de piedra seca, estructuras que no solo delimitan las parcelas, sino que sirven de refugio para la biodiversidad local. Multitud de conejos van cruzando  por el camino. No hay duda que hay una sobrepoblación en esta zona. 
La sensación de aislamiento y paz en este punto es absoluta.
De repente puedo observar el vuelo de un ave rapaz, seguramente un águila perdicera que planea, sin duda, a la caza de algún conejo. Esta distracción momentánea hace que me de de bruces sobre el margen de piedra sin apenas darme cuenta. Por fortuna no ha sido nada, sólo leves rasguños. ¡Torpe de mí!.






Paso junto a otra cabaña de piedra seca que se encuentra en el camino.





Un cartel indica un lugar donde al parecer hay unas pinturas rupestres. El Vall de la Coma es uno de los espacios naturales y patrimoniales más emblemáticos del término de L'Albi, situado justo al oeste del municipio.
En este lugar se encuentra el Abric de la Vall de la Coma, que alberga pinturas rupestres declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Destaca la figura de un ciervo, considerada una de las mejores muestras del arte rupestre levantino en Cataluña.





Continúo por pedregosos caminos bajo un sol de justicia. Las temperaturas son casi de pleno verano, muy contrastadas con la jornada anterior.






La ruta me conduce hasta la Ermita de Sant Bonifaci, cercana a la población de Vinaixa. Este conjunto es el lugar idóneo para hacer una parada. El área recreativa, bajo la sombra de arboles corpulentos, ofrece el respiro necesario para seguir afrontando la jornada.






Aunque el origen se remonta al siglo XIV, la reliquia del santo no llegó hasta 1682. Sant Bonifaci es el patrón de Vinaixa, y a su alrededor se celebra una popular romería cada primer domingo de mayo.








Desde la ermita, el camino desciende entre pinos y matorral mediterráneo.
El paisaje se vuelve más encajonado y húmedo. En este tramo bajo aparece la Font de la Marieta, rincón vital en la lógica del camino: mientras que la ermita representa el refugio espiritual, la fuente representa el refugio físico. 




El sonido del agua y la frescura de la vegetación que la rodea es el motivo perfecto para hacer de nuevo una parada.
La humedad constante permite que en su entorno prosperen especies que son auténticos bioindicadores de la calidad del agua.
Aprovecho para proveerme convenientemente de ella.





El camino pasa por el Fondo dels Pous y allá en medio de un campo se encuentra el " Pou de la Vila" un elemento histórico de captación de agua fundamental para el municipio cercano de Fulleda. El pozo tiene varias galerías y además, conecta con otros puntos de agua como la Font de les Ventoses (a escasos 75 metros del cauce del fondo) y la conocida Font de la Marieta.
Llego a pueblo de Fulleda, como siempre desierto de gente y de movimiento, siendo este el más pequeño de la comarca de Les Garrigues y el de mayor altitud de la zona (581 m).






Después de avanzar rápidamente entre campo agricolas y pequeños montículos boscosos, llego a L´Espluga Calva, sobre una pequeña elevación que domina un paisaje de olivos y almendros.
El pueblo todavía conserva su aire medieval con su imponente castillo de la Orden de Malta que puede visitarse.





En una pequeña plazoleta encuentro una fuente. Es lugar idóneo para comer y descansar mientras dure esta pausa.






Terminada la comida y bien aseado gracias al agua de la fuente, continúo el itinerario que empieza con una subida decidida por un camino que ondula entre campos de olivos y almendros.






El próximo objetivo es Senan, un municipio pequeño y tranquilo situado a los pies de la Sierra del Tallat. Es un pueblo de calles empinadas y casas de piedra muy bien conservadas que ofrece una panorámica excelente de la zona. 
Aquí puedo recargar agua en una fuente para continuar sin más dilación.







Tras dejar Senan, el camino se endurece con nuevas rampas hacia el Cap del Coll, que exigen un esfuerzo físico y sicológico importante. El peso de las alforjas y el desnivel  obligan a echar pie a tierra. Empujar la bicicleta se convierte en parte de la aventura, con un avance lento pero constante, donde el crujir de las piedras del camino sustituye al giro de los pedales con esa sensación de aislamiento total.





Alternar el pedaleo con el empuje de la bici en los tramos más rotos no es una derrota, sino la forma de integrarte mas en el entorno. (Esto lo pienso ahora, no en aquel momento...)






Desde lo alto, del Cap del Coll se puede disfrutar de una gran panorámica de la comarca de la Conca de Barberá, y es aquí donde me vienen a la memoria recuerdos bastante recientes de otra travesía que realicé hace unos meses por esta misma zona. Es la del GR 171.
Dejo AQUÍ EL ENLACE de la misma.









Ahora la pista comienza a descender hacia otra población, Montblanquet. Dejo a un lado un camino que sube hasta el Santuario del Tallat que queda en lo alto de un promontorio. 





El pequeño núcleo de Montblanquet, perteneciente a Vallbona de les Monges, y destaca por su arquitectura rústica y por ser un enclave de silencio absoluto.
Encuentro a una mujer trajinando haces de tomillo en una cesta junto a su casa y, a mi petición, amablemente me provee de agua.





El siguiente objetivo es llegar a Rocallaura. El paisaje se suaviza ligeramente en las formas, pero no en el esfuerzo; el terreno sigue siendo un "rompepiernas" de manual, un sube y baja inacabable que pone a prueba mi determinación.



Famoso por su antigüo balneario de aguas minero-medicinales, Rocallaura es el corazón de la arquitactura de la piedra seca de la zona.
El acceso al pueblo se hace remontando un fuerte desnivel hasta llegar a la calle principal con un bar que, según un parroquiano que está sentado junto al mismo, abrirá dentro de una hora.
Hoy día, a las afueras de la población, hay otro BALNEARIO completamente modernizado que tiene un gran encanto. He dejado el enlace.





Continúo pedaleando ya bien avanzada la tarde por caminos, entre campos verdes rodeados de vegetación primaveral, todo un gozo para la vista.
Hoy tengo que pernoctar en algún sitio para pasar la noche. y comienzo a mirar el lugar más idóneo. Estoy cerca del pueblo de Belltall, lo puedo ver a lo lejos, sobre una loma... como todos.
Justo en un recodo del camino aparece una cabaña de piedra seca. Es la cabaña de Cal Cuixela, una de las construcciones de piedra seca más singulares y mejor conservadas del término de Belltall. La robustez de su estructura ha permitido que se mantenga en perfecto estado a pesar del paso del tiempo.





Esta cabaña está catalogada en el inventario de Patrimonio Arquitectónico de la Conca de Barberà debido a su valor etnográfico, y es parada obligatoria para quienes realizan la ruta de la piedra seca.
Observando su interior no dudo en instalar la tienda para pasar la noche bajo techo y mas resguardado del frescor nocturno. Un buen homenaje a la ruta que estoy realizando.







Para cenar, una sopa bien calentita, un liofilizado de "Chicken Curry" y a dormir, después de contemplar las primeras estrellas de la noche y escuchar los murmullos del bosque.








Paso una muy buena noche, descansando y durmiendo como nunca. Al amanecer toca recogerlo todo y dejar el lugar como lo había encontrado.





Jueves 15 de Abril de 2026.

BELLTALL - CERVERA

(51 kms.)


Belltall está a poco mas de un km. y dentro de la Ruta del Císter que ya tuve ocasión de hacer en su momento. El bar permanece cerrado, de vacaciones, me dice una mujer con la que hablo un rato mientras me preparo el desayuno de esta mañana.
Gracias a ella y a la fuente, lleno de agua las botellas.





Esta mañana completamente nítida y soleada, tiene un aire de libertad absoluta, de grandiosidad, de luz y optimismo. La belleza del paisaje me sublima a medida que voy avanzando tranquilo contemplando absorto el devenir de esta jornada primaveral.






Sobre la loma ya puedo ver el pueblo de Forés. La última vez que pasé por aquí fue a raiz del GR171. En una de las casas pasé noche, "el Mirador de la Conca", se llama.





Desde Forés todo es bajada. Un deleite para el descanso del viajero. 





Paso junto al pueblo naturista del Fonoll y poco después, todo el gozo del descenso, termina de golpe... 
Toca empujar la bici montaña arriba por una pista bajo un sol que se ceba plomizo sobre mí.






Por fin llego al pueblo de Segura, como todos, silencioso y desierto. Repongo agua en la fuente que hay junto a la iglesia y como unos frutos secos.





Desde Segura voy por una pista de tierra apisonada en gozosa bajada. El paisaje está dominado por lomas suaves y me desvío por caminos  donde el barro seco forma una costra que cruje y dificulta el paso de la bici.
La ruta avanza por el valle del río Gaià y paso cerca de Santa Coloma de Queralt, población que me vió nacer hace 66 años. Aquí el terreno se vuelve más llano y pedregoso.
Bajo el intenso sol, los caminos interiores carecen de sombras naturales, exponiendome a una radiación directa mientras la crema solar intenta hacer efecto.
El estrecho camino me lleva ante una edificación que sorprende  por la envergadura y el aislamiento. Es la Torre del Mas de Cal Porta.




La torre es de planta cuadrangular. Conserva las cuatro paredes en buen estado y dos aberturas en la parte superior así como unas escaleras de piedra.
Hay otra masía adosada, la de Cal Roset.





Desde aquí, la ruta presenta repechos donde el barro, endurecido por la lluvia reciente, crea surcos profundos que requieren pericia técnica para no perder el equilibrio, hasta llegar a otro pequeño pueblo, Rauric.
En este punto sufro un bajón mental. Llevo 3 jornadas pedaleando prácticamente todo el día sin descanso. El calor del sol y las durísimas subidas con todo el equipaje han mermado mis ánimos. Me planteo otra alternativa a la ruta -con remordimiento incluído - y es cortar un tramo y enlazar con otra población que es Cervera.
Le doy varias vueltas y finalmente tomo dirección al pueblo de Talavera (Ver de nuevo la ruta del GR 171)





Hacia las 3 de la tarde llego a Talavera y casualidades de la vida, me encuentro de nuevo a la Sra. Montserrat que me atendió cuando pasé en octubre por allí y me dejó amablemente cargar el GPS. 




Es la hora de comer. Aprovecho la fuente tal como hice la otra vez, con la travesía del GR 171.





Desde Talavera hasta Cervera es prácticamente bajada salvo algunos repechones donde vuelvo a empujar la bici por falta de ganas.







Otra población desierta y silenciosa, Rubinat, que dejo atrás después de haber hecho otra subida importante..





Tras completar el último tramo de la ruta, la entrada a Cervera se siente como un alivio momentáneo ya que tengo que remontar una empinadísima calle para llegar a lo alto de la población y buscar el alojamiento para la noche.





Entre las calles históricas de Cervera, encuentro el albergue Sagrada Família, en calle Sabaters 6, un lugar ubicado en un entorno con solera religiosa. Cuenta con dormitorios colectivos, cocina equipada, lavandería, jardín y estancias religiosas.




El lugar tiene un aire del pasado, con un ambiente en la planta baja frío y húmedo. Combina la sencillez de un refugio de peregrinos con la majestuosidad de una casona del siglo XVII. Subiendo las escaleras se encuentra uno de los dormitorios, punto de descanso por un módico precio, ideal para finalizar la jornada.




Este edificio no solo ofrece cama, sino una atmósfera de paz que contrasta con la intensidad de la jornada bajo el sol. Es el refugio ideal para el ciclista o el caminante: sencillo, amplio y con ese silencio que solo los antiguos muros de piedra saben conservar.




Desde 1680 es una mansión señorial de gran importancia en el casco antiguo de Cervera.
Durante gran parte del siglo pasado, el edificio es regentado por las monjas Hijas de la Sagrada Familia, que funciona como colegio y guardería.





En 2019, las últimas monjas abandonan el edificio, lo que provoca su cierre temporal. En 2020, la asociación Emaús Rural asume su gestión para reconvertirlo en un proyecto de ayuda social, combinando el alojamiento para viajeros con viviendas para personas en riesgo de exclusión.






VIERNES 16 de Abril de 2026.

CERVERA - LLEIDA

(62 kms.)


Desayuno en una pequeña cafetería en la calle mayor de Cervera. Bocadillo de atún con un pan tan espectacular que hasta felicito al dueño del establecimiento.





Dejo Cervera atrás por la ruta que coincide en gran parte con el Camí de Sant Jaume y el Camí Real. En realidad, un trayecto de ir bajando de 13 a 15 kilómetros que se resuelve en poco más de una hora.
Esta etapa la realicé ya en el 2022 en un viaje de Barcelona a Lleida cuyo enlace dejo AQUÍ





El camino se abre paso entre campos de cereal que, según la época, son un mar verde o un desierto tostado.
La pista es ancha, amable y sin complicaciones técnicas. Es el tipo de terreno donde se puede pensar e ir relajado.



A mitad de camino llego al pequeño núcleo de El Talladell por una calle que cruza el pueblo con la iglésia de Sant Pere en lo alto.

                                     





Dejo atrás Tárrega por una zona un tanto indrustrializada siguiendo el Camí de Sant Jaume que, en este tramo, resulta algo perdedor.
Llego a Vilagrassa, que aparece apenas a un par de kms. y poco después, Anglesola. El paisaje se vuelve decididamente llano, dominado por canales de riego y campos con grandes horizontes que parecen no tener fin. La ruta se adentra en el Pla d'Urgell y me encuentro con el "Pantà de la Plana" una laguna que es un pequeño tesoro escondido entre los campos de Anglesola que se ha convertido en un ecosistema de humedal.







En la zona de descanso me detengo para recuperar fuerzas a la sombra antes de seguir hacia Lleida. 










El camí de Sant Jaume cruza El Palau D´Anglesola. Continúo sin dilación a golpe de pedal.






A primera hora de la tarde llego a Bell-lloc d`Urgell con un calor de pleno verano.
Frente a la fachada de la iglésia de Sant Miquel Arcángel, en el mismo corazón del pueblo, encuentro una plaza dónde decido parar para comer.




Bajo la mirada de la torre campanario y algún transeunte que pasa por aquí, caliento agua para el liofilizado antes de emprender de nuevo la ruta.






Al salir de la población, el camino se vuelve una línea recta y llana que atraviesa el corazón del Pla d'Urgell. Es un tramo fácil, de esos en los que solo hay que pedalear y dejar que la vista se pierda en los campos.








A medida que me acerco a Lleida, el terreno empieza a cambiar ligeramente y aparecen las primeras naves industriales de las afueras. Desde bastante lejos, ya empiezo a ver la silueta de la Seu Vella recortada en el horizonte.
Entro en la ciudad por el barrio de Pardinyes, cruzando el río Segre. Es el final de una ruta que he tenido que modificar por imperativos de logística errónea cuando la preparé en su momento. De todas maneras, no dudo que tendrá continuidad en breve. 
Dejo aquí el trac de esta ruta de 256 kms. de recorrido y un desnivel de 3985 mts.



Ruta realizada