3/3/22

CASTILLO DE PIERRE-PAUL RIQUET. ENTRE EL TIEMPO, LA MUERTE...Y OTRAS CURIOSIDADES...


A una media hora de la ciudad de Toulouse, y en plena campiña francesa, encontramos un entorno singular que atrae poderosamente la atención, una gran edificación junto a una pequeña población situada entre viñedos en el Alto Garona, el Castillo de Bonrepos feudo acreditado de un ilustre personaje de linaje occitano, Monsieur Pierre-Paul Riquet.





Pierre-Paul Riquet nace en Béziers en 1609. De joven le obsesionan las ciencias y las matemáticas. Su padre, desempeña el cargo de procurador real, y le anima a entrar en la administración de los tributos que se ejercen sobre la sal. Se casa con Catherine de Milhau, hija de una familia de clase media, con la que tiene cinco hijos. Con la recaudación del impuesto sobre la sal durante 20 años, consigue crear una enorme fortuna.




En 1661, fue nombrado Barón del señorío de Bonrepos. Trabajador incansable y espíritu emprendedor, Riquet destaca por su calidad humana al ofrecer a sus trabajadores salarios decentes y condiciones de trabajo desconocidas hasta la época.
A la edad de 53 años, decide hacer realidad su sueño: construir un canal para conectar el Mediterráneo con el Atlántico, el famoso Canal du Midí, dedicando a este proyecto el resto de su vida.
Pierre-Paul Riquet muere en Toulouse el 1 de octubre de 1680, con la obra casi terminada, a tan sólo 5 km del mar. Fueron dos de sus hijos quienes la culminaron, inaugurando el canal ocho meses más tarde.




Una serie de fotografías nos muestran varias estancias del interior de su castillo, ciertamente algo inquietante, con mobiliarios que producen leves estremecimientos y que nos acercan al umbral de otras dimensiones misteriosas y desconocidas.




Seguramente, no me atrevería a pasar noche en este lugar. Evidentemente este no está exento de vibraciones del pasado. Aquí nos podemos enfrentar a sensaciones indefinidas cuyo origen traspasa el ámbito mental del observador.




Estancias lúgubres, misteriosas, enigmáticas donde sin duda pueden escucharse sonidos psicofónicos provenientes de mundos silenciosos...
Luces y sombras que fluctúan con el pensamiento. Miradas hacia la absurda oscuridad de una pesadilla nocturna. Un transcurrir inquietante hacia otra vida a través de la muerte.






En estos salones debió sentarse tan acreditado noble a leer las obras de un coetáneo suyo, Jean-Baptiste Poquelin, conocido popularmente con el nombre de Moliére.
Entre estas paredes seguramente tuvieron eco los regocijos de las hilarantes escenas que desarrolla en obras como Tartufo, Don Juan o El enfermo imaginario...




Y en esta estancia sombría debieron descansar los acreditados miembros de tan destacado linaje. Sin duda alguna, aquí vagabundean las ensoñaciones de cualquier mortal, mientras se aligera el peso sobrante.
En la esquina del fondo se puede observar un bidé...




...utensilio que al parecer es una invención de un barón llamado Bidet en el siglo XVIII en París, para la limpieza de las partes íntimas antes y después de las relaciones sexuales. El bidé se situa siempre en la recamara, y proporciona una higiene de las zonas bajas sin necesidad de desvestirse. Como todavía no se ha inventado el papel higiénico, se populariza rápidamente. Es un complemento al baño en una época donde tener bañera es un privilegio incluso entre la nobleza.

El nombre proviene de un tipo de caballo pequeño parecido a un poni, hoy extinto, que usan las damas y niños de la nobleza para sus paseos. Hace referencia a la posición en la que hay que sentarse, igual que cuando se cabalga. 
Pero a lo largo de su relativamente breve historia el bidé fue a menudo objeto de polémica, también por su uso como anticonceptivo. Su presencia parece sugerir una vida lujuriosa por parte de sus propietarias, como le señalan a la reina de Nápoles, y en los burdeles es el único mueble del que disponen las meretrices además de la cama. La Iglesia critica ferozmente su uso, sugiriendo incluso que se usa para practicar abortos.

En fín, que me ha salido una entrada de blog, un poco-bastante surrealista... y no sé si apetece visitar el castillo, aunque la curiosidad puede con todo...

No hay comentarios:

Publicar un comentario