Termina el año 2025, y como ya es habitual, reservo el último día para realizar una ruta de senderismo que me permita comenzar de nuevo y con optimismo renovado el siguiente ciclo anual.
El día 31 de diciembre se ha convertido en un clásico para salir a descubrir y disfrutar de nuevos horizontes, y para relajarse mientras se piensa en lo efímero del tiempo que transcurre en el devenir inexorable de la existéncia.
A las 8:45 de la mañana me encuentro en el restaurante Can Güell, un poco más allá de la población de Torrelles de Llobregat, Barcelona.
La temperatura no es demasiado baja, 5ºC. Una lástima, teniendo en cuenta que me encantan los grandes descensos térmicos.
A las 9:15 comienzo la ruta cruzando un pequeño núcleo poblacional, el Raval Mas, hasta tomar un camino que se adentra en la montaña.
Llegada a un pequeño collado con bifurcación de varias pistas. El sendero que tengo que seguir viene marcado por una señal que prohibe o mejor, no recomienda pasar. La medida se tomó inicialmente en 2019 para frenar la degradación del entorno debido a la masificación turística y la preservación de su frágil geología mientras se tramitaba su declaración como Bien de Interés Local.
Me adentro en el sendero que está fuertemente blindado por zarzales, vegetación y arboles caídos que entorpecen el avance.
Termina el sendero y ahora, la única manera de seguir es remontar hacia lo alto de la montaña donde asoman unas formaciones rocosas de color rojizo, a traves de canales erosionados por el agua de la lluvia, entre rocas y raíces de arbustos. Hay que ir trepando con mucho tiento para no hacer un paso en falso, hasta llegar a lo alto de las rocas.
El lugar solitario y escondido me inquieta por si se presentara algún percance. Llego por fín a la primera de las concreciones pétreas, una especie de cueva de roca arenisca muy sorprendente.
Son las cuevas de Can Riera, también conocidas como las "Coves de Can Mas".
A diferencia de las cuevas de piedra caliza que se forman por disolución química, estas cavidades se crean por erosión mecánica. La acción combinada del viento y las avenidas de agua de lluvia durante milenios, ha pulido las paredes, creando las formas onduladas y sinuosas que les dan su aspecto característico. No se trata de una única cueva profunda, sino de una serie de abrigos de profundidad limitada. La cavidad más famosa es conocida popularmente como "la garganta" por su similitud con una boca abierta.
El conjunto consta de varias cuevas (entre 3 y 5 principales), siendo las superiores las más impresionantes debido a la intensidad de sus colores y las texturas de la roca.
El suelo suele estar cubierto de un fino polvo rojo desprendido de las propias paredes.
Este acceso por el que he ido subiendo, queda más restringido y oculto que otro mucho más popular donde se pueden observar mejores cavidades.
En un punto de la subida, frente a una de las hoquedades, me doy cuenta que no puedo seguir. Una caída o un resbalón en este lugar podría tener consecuencias trágicas. Fríamente, puedo percatarme del peligro que me acecha.
Sin más, decido volver atrás y para ello hay que ir descendiendo de nuevo y pararse a pensar para no dar un paso en falso. Finalmente y después de varios cambios de dirección, consigo llegar de nuevo al sendero y regresar al punto en que este comienza.
Más adelante, siguiendo la pista húmeda e invernal, me desvío por otra trocha bastante desdibujada que sube por una ladera también muy empinada y resbaladiza de la montaña.


El destino es la famosa "Penya del Cucut" otro destacado relieve de la zona situada en la Sierra de Can Valent. A diferencia de las Coves de Can Riera de arenisca roja, la Penya del Cucut presenta formaciones de conglomerados rojos.
Desde lo alto de la Peña, puedo disfrutar de un estupendo desayuno rodeado de un inmenso paisaje que deleita la vista del caminante.
Desciendo de nuevo y continúo la ruta, con cierto hartazgo de meterme por lugares con senderos casi inexistentes. Paso por la masía de Can Sala de Dalt dando un rodeo. Pero la cosa no terminará aquí, luego erraré en algunos tramos donde tendré que retroceder en un par de ocasiones más, uno de ellos con otro descenso vertiginoso entre rocas, en el que tendré que volver sobre mis pasos.
De este modo llego a la urbanización "Can Güell", compuesta principalmente por casas unifamiliares y terrenos urbanizables construidos mayormente en las empinadas laderas de la montaña. Panorama terrible su contemplación. Muchas de las viviendas existentes fueron construidas entre las décadas de 1970 y 1980, aunque hay propiedades reformadas recientemente. Sigo por sus calles numeradas intentando salir del lugar y llegar a mi destino final, pero todo se complica ya que algunas de ellas, después de consultar el plano en el navegador, quedan cortadas por otras construcciones nuevas.
En resumen, llego al coche cuando son casi las 3 de la tarde, habiendo realizado una ruta de dificultad técnica moderada de 11.67 kms. de recorrido con desnivel de 408 mts.
Aquí dejo el track que no aconsejo:
De momento, veremos lo que nos deparará el próximo 2026.
¡Feliz Año!.













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