10/12/25

NARBONA. CATEDRAL DE SANT JUSTO Y PASTOR. PALACIO DE LOS ARZOBISPOS. VESTUARIO RENACENTISTA. Ruta Turística.

Fundada como la primera colonia romana en la Galia en 118 a. C. con el nombre de Narbo Martius, Narbona se convirtió en un punto estratégico en la Vía Domitia, la primera calzada romana que conectaba Italia con Hispania. Su riqueza e importancia a lo largo de los siglos se reflejan en la grandiosidad de sus monumentos. La ciudad está atravesada por el Canal de la Robine, un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y aún conserva un tramo bien conservado de la antigua Vía Domitia en su centro.

La Catedral de Saint-Just y Saint-Pasteur, es el monumento más prestigioso de la ciudad. Su construcción comienza en 1272 con un ambicioso proyecto de estilo gótico radiante, inspirado en las grandes catedrales del norte de Francia.
El diseño del edificio incorpora torres que le otorgan un aspecto de fortificación, cumpliendo funciones defensivas además de religiosas.






La característica más singular de la catedral es que nunca se terminó por completo. Para continuar con la nave principal, habría sido necesario demoler una parte de las fortificaciones romanas de la ciudad. Los cónsules de la villa se opusieron a esto, especialmente después de que las murallas demostraran su valor defensivo durante un ataque en 1353.



    



El coro de la catedral se eleva a más de 40 metros de altura, rivalizando con las catedrales góticas más altas de Francia.



    
                 



Adyacente a la catedral se encuentra el imponente Palacio de los Arzobispos, un complejo arquitectónico que abarca siglos de historia. Fue la residencia de los poderosos príncipes de la Iglesia y consta de dos partes principales: El Palacio Viejo (Palais Vieux) de estilo románico y gótico temprano, de finales del siglo XIII construido sobre el emplazamiento de una antigua catedral carolingia. Alberga colecciones arqueológicas de la Prehistoria y la Edad Media.





El Palacio Nuevo (Palais Neuf), se edifica entre los siglos XIV y XIX, destacando la majestuosa Torre del Homenaje (Torre Gilles Aycelin), erigida entre 1308 y 1318. Con 42 metros de altura, esta torre alberga las antiguas estancias de los prelados de la época.







Actualmente, el palacio alberga el Museo de Arte y de Historia, con colecciones de pintura orientalista, fayenzas y otras obras.





Tenemos oportunidad de ver una exposición sobre vestuario renacentista, lo que atrae mucho mi interés.






El vestido refleja elegancia y distinción. Los hombres usaban jubones ajustados, capas largas y sombreros adornados con plumas.
Las mujeres llevan vestidos largos con corsés que marcan la cintura, mangas anchas y elaboradas, y telas lujosas como seda, terciopelo y brocados, a menudo decoradas con bordados y encajes. Tanto nobles como burgueses suelen añadir joyas, cinturones ornamentales y tocados sofisticados, reflejando la moda italiana que influye en la región. 









La moda renacentista en Narbona muestra riqueza, estatus social y gusto por el detalle artístico.







La ropa cambia según la estación: en invierno se usan abrigos pesados de lana o piel, mientras que en verano predominan telas ligeras y colores vivos. Además, la vestimenta se adapta a la ocasión: para fiestas y celebraciones se usan los trajes más ricos y ornamentados, mientras que para la vida cotidiana o el trabajo se prefieren prendas más prácticas y cómodas. La moda renacentista combina funcionalidad, estética y simbolismo social, convirtiendo la ropa en un verdadero reflejo de identidad cultural y prestigio.
















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