2/10/16

Per la SERRA DEL MONSEC. EL CONGOST DE MONT-REBEI. Ruta de Senderisme.



El Congost de Mont-rebei es una de las rutas más espectaculares de Cataluña. De él se ha dicho que es el “único gran desfiladero del territorio virgen”, un estrecho recorrido que sigue una ruta excavada en 1982 en la roca siguiendo el cauce del río Noguera Ribagorzana, frontera con Aragón. Se encuentra entre Lleida y Aragón, entre las comarcas de La Noguera y el Pallars Jussà, atravesando la Serra del Montsec.






La ruta parte desde el aparcamiento de la Masieta, puerta de entrada a la reserva del Congost de Mont-rebei. Nada más comenzar el camino se bifurca, y nos da la opción de ir por el camino del embalse (embassament), o por el camí de las Tarteres (El primero se inunda cuando el pantano está lleno, mientras que el segundo da un rodeo para salvarlas). 
Seguiremos las marcas blancas y rojas del GR1 que viene desde MONTAÑANA pasando por la iglesia de Nª Señora de Baldós.








Henos ahí en foto grupal antes de entrar en las fauces del desfiladero...




Después de caminar algo menos de 2 km. por un bonito sendero que discurre a campo abierto, llegamos al barranco de Sant Jaume, que lo cruzamos por un curioso puente colgante y con 40 metros de vacío bajo nuestros pies.






A partir de aquí ya nos vamos adentrando bajo los paredones calizos del desfiladero.




En los primeros meandros del río entre las rocas podemos ver  las enormes paredes de hasta 500 metros de altura, pero lo mejor llega cuando nos internamos en el propio cañón y ver cómo se extiende a lo lejos y por dónde transcurre el camino excavado en la pared.






En los puntos más vertiginosos se han dispuesto pasamanos. También bancos durante la ruta. Hay quien incluso se atreve a recorrerlo en bicicleta (una locura innecesaria y que debiera prohibirse). También puede recorrerse en kayak. 





El punto más ancho del Congost de Mont-rebei es de 20 metros.




El río Noguera es, desde hace millones de años, el responsable de este monumento natural, deslizándose pacientemente sobre la roca del la Sierra.
Sin marca ninguna, los visitantes no caen en la cuenta de que el mismo desfiladero separa las comunidades de Cataluña y Aragón de forma natural.






El espacio protegido ocupa 598,71 hectáreas, es Espacio de Interés Natural del Montsec en su mayor parte y desde 1995 el Congost de Mont-rebei se declaró Refugio de Fauna Salvaje. La titularidad del territorio corresponde a la Fundació Catalunya-La Pedrera desde 1999, quien adquirió el compromiso de preservar los valores naturales y paisajísticos. 




En un punto del del recorrido, sobre un empinada canal por encima del camino, se abre la boca de la cova Colomera o Palomera, a la que se accede mediante una cadena y grapas. 
Resultan impresionantes los enormes paredones rocosos que se levantan desafiantes en magnífico espectaculo natural.




Enseguida se sale del desfiladero, momento en que las vistas se abren al embalse de Canelles y el sendero comienza a ganar altura trazando una diagonal ente vegetación de tipo mediterráneo. 





Hasta aquí llegamos bastante tranquilos a nivel de personal, ahora comienza el regreso a nuestro punto de inicio, regreso que va a ser bastante agoviante debido a la gran cantidad de personas que nos vamos a ir encontrando. Esta mañana, ¡Todo el mundo ha venido aquí!.




Hemos llegado de nuevo a la "Masieta", reconfortados después de una ruta impresionante, aunque, a decir verdad tanta afluencia de visitantes, sin duda pone en peligro este espacio natural que debe preservarse tal como es.




Aquí dejo el enlace de la ruta:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15049050


Ruta Realizada.


1/10/16

Población medieval de MONTAÑANA, (Huesca). Ruta Turística.


Nos encontramos en un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, un lugar con un encanto y un sabor de características determinadas que nos hace viajar a otra época. Bien parece una regresión al pasado medieval de estas tierras que se denominan de la "Franja". 
El pequeño núcleo de Montañana  perteneciente al municipio de Puente de Montañana.  Se encuentra en el valle del Noguera Ribagorzana, en un cerro delimitado por los barrancos San Miguel y San Juan. 
El pueblo ha mantenido el patrimonio románico y medieval por el cual se declaró conjunto histórico-artístico en 1984.




Entramos al pueblo por calles empedradas a la antigua usanza, con sabor rural, con años de historia entre sus edificaciones. 
Los primeros datos sobre Montañana aparecen en el año 987, donde se hacen las primeras referencias sobre este "castro" en el Cartulario Medieval del Monasterio de Alaón. En aquellos primeros años, sus habitantes compartían espacio con las órdenes militares de los Hospitalarios y los Templarios, defendiéndose de incursiones musulmanas en 1017 dirigidas por Abd el Malik.
A partir de 1834 fue capital del municipio, pero con la despoblación del medio rural de la década de los años 60, comenzó un declive que hizo peligrar el conjunto medieval.







Tras cruzar un puente de piedra de bella factura dentro de la tradición bajomedieval del siglo XV,  comenzaremos una subida por una empinadísima calle que nos llevará al punto culminante de la villa, a la iglesia de la Virgen de Baldós, por donde pasa el sendero de gran recorrido GR1.




Henos ahí posando junto al puente cuando la luz comienza a declinar.







Comenzamos a subir por sus empinadas calles de piedra, llenas de recovecos sorprendentes evocadores de otros tiempos, que conservan la esencia del medioevo. Montañana es sin duda el pueblo más típicamente medieval del alto Aragón.






Llegamos a la parte alta del pueblo, dominada por la iglesia de Nuestra Señora de Baldós de finales del siglo XII y principios del XIII y lo que resta de la torre medieval que poco a poco se va desmoronando.









Junto a la iglesia sigue en pie un trozo del muro de la antigua fortaleza construida en el siglo XI y que marca el inicio de Montañana. La fortificación formaba línea fronteriza y defensiva en tiempos de la reconquista.
Este único elemento conservado, es la llamada Torre de la Mora.




Abandonamos el lugar y volvemos a descender hacia  el pueblo. Sus calles comienzan a iluminarse por las ténues y amarillentas luces de sus faroles.





Nos queda tiempo para otra visita. En la parte izquierda del barranco, puede verse la edificación de la iglesia de San Juan de factura románica de una sola nave.



Por un camino rodeado de vegetación que discurre junto al barranco, se llega a la bella edificación de espadaña silenciosa al caer las últimas horas de la tarde.




A medida que transcurre la tarde, las sombras nos van arropando cada vez más. Echando una mirada hacia lo alto todavía se destacan silenciosas las siluetas de sus edificaciones.




Cuando salimos de la población, hablamos con un informante y nos comenta que durante la mayor parte del año habitan el pueblo solo dos personas y es en verano cuando sus calles se llenan de un efímero júbilo.
Pero a pesar de todo, Montañana constituye sin duda una visita sorprendente que no podemos perdernos.
AQUí  un enlace para el que quiera profundizar.


Por tierras del Pallars Jussà. EL CASTELL DE MUR. COLEGIATA DE MUR. El expolio de las Pinturas Románicas. Ruta Turística.


Por una serpenteante y angosta carretera, se llega a la cima de la montaña donde se alza imponente el "Castell de Mur". Desde su ubicación se domina una gran extensión de la comarca del Pallars Jussà, con la depresión de la "conca de Tremp" y el  embalse de "Terradets".





Castell de Mur

La visita está amenizada por las bien sentadas explicaciones de una guía perteneciente a la asociación de turismo cultural "Peperepep"
De este modo, se nos descubre la ruta del Joc de dames, o lo que es lo mismo, la historia de los "Condes de Pallars" con todas las piezas.



 

Nos encontramos en tierras llenas de historia que fueron frontera entre cristianos y musulmanes durante los siglos X y XI. El castillo aparece por primera vez documentado en el año 969, y perteneció, primero, a los condes de Pallars y más adelante, en su época más "esplendorosa", a los Mur. Es una de tantas historias de cambio de manos de grandes poderes, entre nobles y a partir de bodas, herencias y pactos inverosímiles. 
El Castillo de Mur, es declarado Monumento Histórico-Artístico en 1920, está marcado por la roca de la montaña, y por este mismo motivo no tiene foso. Es de reducidas dimensiones por ser un castillo, ya que en el vivían solo una veintena de personas.







La edificación, y así lo indican los agujeros se pueden ver en las paredes, tiene dos pisos. En el piso de arriba, dos aposentos divididos por una impresionante arcada de medio punto. Una fue la habitación del conde del Pallars. El lujo de ser el señor, lo marca la letrina dentro de la propia habitación. Esta alcoba donde dormian estaba separada de la sala tan sólo por unas cortinas.
La otra sala contigua era polivalente. Además de las funciones de comedor con las vasijas para lavarse las manos, se utilizaba también como sala de baile y sala de estar.
Durante la noche, aquí dormía toda la corte, es decir, los miembros de la unidad doméstica, los sirvientes más próximos a los señores, los colaboradores inmediatos y los invitados, en unas alfombras plegables que se guardaban de día en los cofres de la pared y que se desplegaban por la noche una vez arrinconadas las mesas. 






Posiblemente la torre sea el elemento más antiguo e incluso, anterior a la construcción del castillo.
En un primer momento las torres tienen las funciones de vigilancia de un territorio y de protección de la gente que  vivía aquí.





Las torres podían alojar en su interior un reducido número de personas que podían encerrarse con algunos objetos de valor a la espera que pasara el ataque. Una vez cerrada la puerta, la torre se convertía en una construcción de muy difícil acceso; además, la existencia de una pequeña cisterna en el piso más bajo y una cierta cantidad de provisiones de emergencia que se guardarían en el interior de los otros pisos permitían aguantar un cierto tiempo. 
En la parte superior había una pequeña capilla para el rezo.
Una única puerta situada a 7 o 8 metros de altura es la única apertura importante, a excepción de la pequeña ventanilla del piso superior. El acceso a la puerta se hacía por unas escaleras muy sencillas que podían ser retiradas en caso de necesidad.






La puerta de entrada al castillo era de difícil acceso en caso de asalto ya que al estar sobre un precipicio era imposible que se pudiera abrir mediante el uso de un "ariete".







En el piso superior, había un cubierto en forma de semicírculo donde hacer fuego y la letrina para el uso de los soldados. En el caso del Castillo de Mur, se ha podido comprobar que las aguas grises -utilizadas en la limpieza y la higiene- eran expulsas al exterior por unos desagües donde, mediante unos canales excavados en la roca, eran dirigidas hacia una posible cisterna, que no ha sido localizada hasta el momento.






Desde la terraza de la torre se tenía un buen control visual de la zona, cosa que permitía avisar a la población en caso de peligro y comunicar noticias a las otras torres y  poblaciones vecinas.






En 1055 Ramon V del Pallars Jussà cede el castillo a Arnau Mir de Tost como dote para casarse con su hija.Y Arnau Mir de Tost sacó bastante provecho de este "premio" por su matrimonio. Su territorio creció de tal manera que pronto se añadieron más fortalezas; los castillos de Guardia, Estorm, Moror, la Encina y Puigcercós, pasaron a formar parte, así, del patrimonio de Arnau Mir de Tost. 






 Poderoso pero no inmortal, Arnau Mir de Tost entregó, al morir, sus posesiones a su hija Valença, esposa del conde Ramon V. A partir de aquí, las siguientes generaciones continuarían haciendo crecer el patrimonio heredado.








Cercano al castillo, se encuentra la colegiata de Santa Maria de Mur, que  se empezó a construir a mediados del siglo XI y fue consagrada en 1069 por el obispo Guillem d’Urgell. 




Su interior acoge un pequeño claustro que es todo un bello ejemplo del románico. Observar con detenimiento esta obra nos lleva a la reflexión y al silencio contemplativo.









Un Cristo mayestático, rodeado de los cuatro evangelistas, bendice al mundo con un libro sobre su rodilla izquierda en el que puede leerse: Ego sum via, veritas et vita. Nemo ad Patrem nisi per me (Soy el camino, la vedad y la vida. Nadie puede llegar al Padre si no es por mí). Así es la parte principal de las pinturas que llenaban el ábside central de la iglesia. Los murales son uno de los mejores ejemplos de románico catalán. Pero el conjunto no puede verse en su emplazamiento original, y  tampoco en el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), el centro que acoge la mayoría de pinturas murales de los siglos XI y XII extraídas de las iglesias rurales de los Pirineos. El Pantocrátor de Santa Maria de Mur, por increíble que parezca, se expone en Boston (EEUU), en su Museo de Bellas Artes.






En 1919 el coleccionista Lluís Plandiura -el mismo que en 1932, arruinado, ofreció por siete millones de pesetas sus fondos a la Junta de Museus- negociando en Nueva York la venta de las pinturas de Mur a los representantes de cinco de los grandes museos de EEUU. Las pinturas habían sido arrancadas previamente con la técnica del Strappo, por el artista Franco Steffanoni. Este arriesgó su vida para salvar los frescos de Tommaso da Modena en Treviso y luego fue capaz de arrancar los murales del Pirineo para comerciar con ellos, por encargo de los anticuarios Ignacio Pollak y Gabriel Dereppe. Finalmente Plandiura vendió las pinturas por 92.000 dólares (las había comprado al párroco por 7.000 pesetas) al museo de Boston. Ninguna ley protegía las piezas, las autoridades eclesiásticas no las valoraban y los párrocos de las iglesias necesitaban dinero para conservar las iglesias.




Con un poco mas de saber, abandonamos el recinto. Es lo bueno que tienen estos monumentos, hacernos olvidar el presente para regresar al pasado de la historia.
En este lugar, sin duda lo han conseguido.


Santa Maria de Mur